Pregunta: ¿Una persona que diserta ante el público y dicta clases de moral (musar), le está permitido exponer hechos de cosas malas que ocurren dentro del pueblo de Israel para despertar a los oyentes, o acaso esto constituye una acusación (kitrug) contra el pueblo de Israel?
Respuesta: La Guemará en el tratado de Yevamot (página 49b) dice que cuando el profeta Isaías (Yeshayahu), huía de Menashé, pronunció un Nombre Sagrado y fue absorbido dentro de un cedro. Vinieron ellos y aserraron el cedro, y cuando la sierra llegó a la altura de la boca de Isaías, su alma partió. ¿Y por qué le ocurrió esto al profeta Isaías? Porque había dicho (Isaías 6:5): "Y en medio de un pueblo de labios impuros habito". Rashi explicó que fue castigado porque llamó al pueblo de Israel un pueblo "de labios impuros" por su propia iniciativa, y añade Rashi que Isaías no dijo esto "por vía de reprimenda"; es decir, si Isaías hubiera dicho esto a Israel con el fin de reprenderlos para que mejoraran, no habría sido castigado.
Aprendimos de las palabras de Rashi que si uno dice tales cosas para reprender y corregir, está permitido. Así lo escribió también el Meirí con las siguientes palabras: "Por siempre debe cuidarse el hombre de no relatar el deshonor de su compañero, etc., es decir, cuando no es por vía de reprimenda". De igual modo lo explicaron Rabenu Avraham Min HaHar y el Riván.
El Maharal, en su escrito Jidushé Agadot, añadió que aunque los profetas hablaban palabras duras a Israel, con todo, cuando hablaban ante Dios, bendito sea, no le decían cosas malas sobre Israel; e Isaías el profeta le habló al Santo, Bendito Sea, y por esa acción fue castigado.
Podríamos concluir que estas explicaciones concuerdan con las de Rashi y el Meiri: que no se debe hablar deshonrosamente sobre el pueblo de Israel, salvo por vía de reprimenda, y las palabras de reprimenda deben decirse directamente al pueblo de Israel. Pero cuando se habla y se reza ante el Santo, Bendito Sea, por el contrario, se deben decir palabras de defensa (sanegoriá) sobre ellos.
Sin embargo, es necesario saber que las últimas generaciones no son como las primeras, y los últimos represores no son como los primeros. Hay mucho en lo que extenderse sobre esto, pero mencionaremos únicamente las palabras del Gaón autor del HaPelaá en su libro Panim Yafot (al final de parashat Itró), quien escribió al respecto palabras maravillosas, siendo estas sus palabras allí:
"A pesar de que el Tanaíta dijo (Avot cap. 4 mishná 10): 'Y sé de espíritu humilde ante cualquier persona', de cualquier modo hay un tiempo y un momento para todo deseo de Dios de hacer retornar a muchos del pecado, y acercar a los distanciados para quitar el corazón de piedra de su carne. Y sobre esto se dijo (Salmos 31:25): 'Esforzaos, y aliéntese vuestro corazón, todos vosotros que esperáis en el Señor', para fortalecerse y pararse frente a ellos como una muralla elevada, tal como Dios, bendito sea, advirtió al profeta Jeremías que luchara con ellos y rompiera las rocas y la piedra de tropiezo de sus corazones.
Sin embargo, a pesar de todo, Dios libre de despertar el juicio estricto (din) sobre ellos, como encontramos con el profeta Isaías que fue castigado por lo que dijo: 'en medio de un pueblo de labios impuros habito'. Y del mismo modo con el profeta Oshea. Y aunque se les debe hablar duramente y hacerles saber los castigos severos, se deben guiar las palabras con rectitud y juicio".
Se puede aludir en esto a lo que dijeron en la Mishná al final de Sotá (página 48a): "Desde que se destruyó el Templo Sagrado, cesó el Shamir (el gusano Shamir) y el destilar de los panales (Nofet Tzufim)". Pues el Shamir agrietaba y cortaba las piedras sin necesidad de hierro, sino que colocaban al Shamir por fuera y las piedras se partían por sí solas. Esto es una alusión a una reprimenda revelada pero con un amor oculto, donde el rabino hace saber al pueblo los castigos, pero se cuida de no despertar el juicio sobre ellos; siendo esto a semejanza del Shamir, que es muy fuerte y quiebra sin tocar directamente a la manera del hierro.
Además, existe otra forma de introducir palabras de reprimenda en el corazón del oyente, mediante el endulzamiento de la moral con palabras de Torá, interpretaciones y razones que son más dulces que la miel y el destilar de los panales. A través de la dulzura y el deleite de la Torá, las personas aceptarán las palabras difíciles y la fuerte reprimenda que hay en ella; tal como hacen los médicos con un enfermo al darle medicamentos fuertes y amargos, que los mezclan con diversas sustancias dulces para que le sea agradable ingerirlos.
Sin embargo, ya dijeron nuestros sabios de bendita memoria (Arajín 16b): "Me asombro si hay en esta generación quien acepte una reprimenda, y si hay quien sepa cómo reprender". Y sobre esto dijeron que desde el tiempo de la destrucción del Templo cesaron el Shamir y el Nofet Tzufim, tanto en las palabras duras como el Shamir que quiebra, como en las palabras dulces como el panal de miel; ya que casi no hay quien sepa reprender adecuadamente. Hasta aquí el contenido de las palabras del HaPelaá.
Y así vimos actuar a nuestro maestro y guía, Marán el Rishón LeZión, el Gaón Rav Ovadia Yosef (de bendita memoria), quien acercaba al pueblo a través del camino del amor y el afecto. Solo en muy raras ocasiones salía fuertemente con palabras duras en contra de personas indignas que perseguían a la Torá y a sus estudiantes. Pero para la generalidad del pueblo de Israel, siempre hablaba con palabras placenteras, y solía aplicar el versículo (Eclesiastés 9:17): "Las palabras de los sabios, dichas con calma, son escuchadas". Cuando las palabras de los sabios se dicen con tranquilidad, entonces son escuchadas por el público.
Responsa de nuestro amigo, el Gaón Rabí Gad Yazdi, alumno de Marán ZT”L.