Hoy por la noche comienza el día de Lag Baomer, un día de alegría y regocijo en honor al Tanaita Rabí Shimón bar Yojai. Por ello, mencionaremos algunas de las enseñanzas que Marán Rabenu Ovadia Yosef (Z"L) solía compartir en esta fecha.
Las Tres Coronas
En el tratado de Avot (Capítulo 4), Rabí Shimón bar Yojai dice: "Tres coronas hay: la corona de la Torá, la corona de Kehuná (Sacerdocio) y la corona de la Maljut (Reinado)". En el Talmud (Yomá 72b) encontramos un paralelismo a estas palabras, donde nuestros sabios enseñan que existen tres molduras o "coronas" de oro (zirím): la del Altar (Mizbeaj), la de la Mesa (Shulján) y la del Arca (Arón).
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La corona del Altar (Sacerdocio): La obtuvieron Aarón HaKohén y sus descendientes.
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La corona de la Mesa (Realeza): La obtuvo el Rey David y su linaje.
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La corona del Arca (Torá): Nadie la tomó para sí de forma exclusiva; permanece disponible para todo el pueblo de Israel. ¡Todo aquel que desee tomarla, que venga y la tome!
Podría pensarse que la corona de la Torá es inferior en importancia a las otras dos, pero el versículo dice: "Por mí (la Torá) reinan los reyes... por mí gobiernan los príncipes". Esto enseña que no hay nivel superior al de la Torá. Nuestros sabios afirmaron (Horayot 13a) que incluso un mamzer (hijo producto de una relación prohibida por la Torá) que es un sabio de la Torá, precede a un Sumo Sacerdote (Kohén Gadol) que es ignorante. Una pista de esto es que sobre la corona de la Mesa y del Altar la Torá dice: "Y le harás una moldura de oro", mientras que sobre el Arca (que simboliza la Torá) dice: "Y harás sobre ella una moldura de oro alrededor", para enseñarnos que la corona de la Torá está por encima de todas.
El Honor a la Torá: Shemaya y Abtalión
El Talmud (Yomá 71b) relata que una vez un Sumo Sacerdote salía del Templo en Yom Kipur y se cruzó con Shemaya y Abtalión, grandes sabios que eran conversos (gueré tzedek), descendientes de Sanjerib el rey de Asiria. Al verlos, todo el pueblo de Israel dejó solo al Sumo Sacerdote para rodear y saludar a Shemaya y Abtalión.
Al final, los sabios fueron a pedirle permiso al Sumo Sacerdote para retirarse a sus hogares. El Kohén, ofendido por la atención que recibieron, les respondió con desdén: "Que vengan los hijos de las naciones en paz" (refiriéndose a su origen converso). Ellos le respondieron: "Mejor que vengan los hijos de las naciones en paz, pues ellos hacen las obras de Aarón (quien amaba y buscaba la paz), y que no venga el hijo de Aarón en paz, pues no hace las obras de Aarón". Es decir, valen más Shemaya y Abtalión por sus actos y su Torá, que alguien de linaje sagrado que se comporta con soberbia.
Israel actuó correctamente al honrar la Torá por encima del linaje, un concepto que aprendemos de la conducta de Rabí Shimón bar Yojai: la corona de la Torá supera a la de la realeza y el sacerdocio.
El Amor de Rabí Shimón por el pueblo Israel
El amor de Rabí Shimón bar Yojai por la Torá lo llevó también a amar profundamente al pueblo de Israel. El Midrash relata la historia de una mujer en Sidón que, tras diez años de matrimonio, no había tenido hijos. Ella y su esposo acudieron a Rabí Shimón para divorciarse.
Él les dijo: "Así como se casaron con un banquete de comida y bebida, ¡así no se separarán sino con comida y bebida!". Ellos obedecieron e hicieron un gran banquete. Durante la cena, la mujer le dio de beber mucho vino a su esposo. Él, en su embriaguez, le dijo con cariño: "Querida esposa, cualquier objeto valioso que tenga en mi casa, tómalo y llévalo contigo a casa de tu padre".
¿Qué hizo ella? Cuando él se durmió, ordenó a sus sirvientes: "Carguen a mi esposo en su cama y llévenlo a casa de mi padre". A medianoche, al pasársele el efecto del vino, el esposo despertó y preguntó: "¿Dónde estoy?". Ella respondió: "¡En casa de mi padre! ¿Acaso no me dijiste que tomara el objeto más valioso de tu casa? ¡No tengo en el mundo objeto más valioso que tú!".
Regresaron ante Rabí Shimón bar Yojai, quien rezó por ellos, y fueron bendecidos con hijos.
Que el mérito de Rabí Shimón nos proteja, y que merezcamos verlo pronto en nuestros días con la resurrección de los muertos y la redención completa. Amén.