Fecha de la Halajá: 11 Sivan 5786 27 mayo 2026
El decreto de "Shemá Yejaté" (Por temor a que remueva las brasas)
En la época de nuestros sabios, se acostumbraba a cocinar y calentar los alimentos sobre una cocina (kirá) que se alimentaba con brasas encendidas.
Nuestros sabios prohibieron colocar una olla con comida desde la víspera de Shabat (Erev Shabat, antes de la entrada del día sagrado) sobre este tipo de cocinas debido a un decreto preventivo: el temor a que la persona, ya entrado el Shabat, llegara a remover (lejaté) las brasas para acelerar la cocción del alimento.
Por lo tanto, la única manera en que permitieron dejar un guiso sobre el fuego desde la víspera de Shabat era si la cocina estaba:
- "Guerufá" (Despejada): Es decir, que se hubieran retirado por completo todas las brasas de la cocina antes de Shabat, eliminando el riesgo de removerlas.
- "Ketumá" (Cubierta): Es decir, que se hubieran cubierto todas las brasas con ceniza antes de Shabat. Esto servía como una señal visual (heker) para recordar que se debe tener precaución y no tocar el fuego en Shabat, anulando así el temor al decreto.
El estatus de las cocinas de gas o eléctricas
En nuestra época, en la que las cocinas funcionan con gas o electricidad y no existe el peligro físico de remover brasas, existen dos posturas halájicas:
- Postura permisiva: Algunos dictaminan que está permitido dejar un alimento que no se ha cocinado por completo desde antes de Shabat para que continúe su cocción durante el Shabat, ya que no aplica el concepto de remover brasas.
- Postura restrictiva: Otros sostienen que todavía existe un temor equivalente, pues la persona podría verse tentada a subir la intensidad del calor girando la perilla que regula el flujo del gas o la corriente. Hacer esto en Shabat implicaría una prohibición de la Torá (acelerar la cocción y aumentar el fuego); por ende, prohíben dejar un guiso (como el Jamín o Chunt) directamente sobre el fuego desde el viernes.
El dictamen de Maran Rav Ovadia Yosef
Para la Halajá práctica, Maran Rabenu Ovadia Yosef (ZZ”Ll) dictaminó de forma permisiva. Explicó que, dado que en la época en que nuestros sabios promulgaron este decreto no existía en absoluto la posibilidad de alterar el calor mediante una perilla, este caso actual no entra en la categoría de aquella prohibición original de los jajamím. Además, aportó otros argumentos técnicos para facilitar la norma.
Por lo tanto, determinó que incluso según la ley estricta (meikar hadín) está permitido dejar un guiso que no se ha cocinado del todo sobre una cocina de gas desde la víspera de Shabat para que se siga cocinando. Con todo, concluyó que es bueno adoptar una conducta más estricta (lejamir) y colocar una plancha de metal o similar sobre los quemadores. Esto genera una separación entre el fuego directo y la olla, logrando que la cocina se considere "cubierta" (ketumá, como las brasas tapadas con ceniza) y permitiendo retener el alimento con mayor tranquilidad halájica.
La visita del Rav Shalom Mashash a la casa de Maran
Como testimonio de este cuidado, se relata un suceso del año 5736 (1976). Tras el fallecimiento del Gran Rabino Sefardí de Jerusalén, el Rav Eliahu Pardess (ZZ"L), comenzaron las deliberaciones para nombrar a un nuevo Rabino Principal de la ciudad santa. Era evidente que el puesto debía ser ocupado por una de las luminarias más destacadas de la Torá.
En un principio, Maran deseaba postular para este cargo al Gaón Rabí Ben Tzion Abba Shaul (ZZ"L), quien era profundamente amado por todos los rabinos de Jerusalén y poseía una brillantez indiscutible, especialmente en el área jurídica de los tribunales rabínicos. No obstante, ante la rotunda negativa de este a asumir un cargo público, se evaluaron otras opciones. Tras una minuciosa investigación, Maran decidió apoyar con todas sus fuerzas el nombramiento del Gaón Rabí Shalom Mashash (ZZ"l), quien hasta ese momento se desempeñaba como el Gran Rabino de Marruecos y cuya excelente reputación ya había alcanzado a la Tierra de Israel.
En aquellos días, el Rav Shalom Mashash viajó a Israel para seguir de cerca el proceso de postulación y presentarse formalmente ante las autoridades rabínicas. Antes de la llegada del Shabat, Maran lo invitó cordialmente a hospedarse en su hogar, invitación que el Rav Mashash aceptó, pasando todo el Shabat bajo su techo.
El viernes por la tarde, Maran se dirigió a su esposa, la Rebetzin, y le indicó que, a pesar de que ella solía colocar el Jamín sobre un anafe de queroseno de forma directa (sin separación entre el fuego y la olla), para ese Shabat en particular debían colocar una separación metálica. Maran argumentó que, puesto que existía la posibilidad de que el Rav Shalom Mashash siguiera la postura más estricta en esta ley, él no deseaba aplicar la indulgencia habitual en su propia mesa, dado que la comida estaba destinada a honrar a su distinguido huésped.