Fecha de la Halajá: 25 Iyar 5786 12 mayo 2026
Aprendimos en Pirkei Avot (Cap. 4): "Rabí Yose dice: Todo aquel que honra la Torá, su propio cuerpo será honrado por las criaturas". Esto significa que cuando una persona reconoce el valor de la Torá y honra tanto a la Torá Sagrada como a sus sabios, merece ser también respetada y honrada a los ojos de los demás.
Hace algunos años, ocurrió un suceso en los Estados Unidos. Un hombre temeroso de Dios que vivía en el área de Nueva York decidió con su esposa que ese año no pasarían Rosh Hashaná en su casa, sino que viajarían a otra ciudad. La esposa le comentó: "Todos los años acostumbro ir en la víspera de Rosh Hashaná a visitar las tumbas de mis padres en Nueva Jersey; como este año no coincidirá el tiempo, iré unos días antes para cumplir con mi costumbre".
Durante el mes de Elul, mientras viajaban por Nueva Jersey, la mujer recordó su propósito. Se dirigieron al cementerio y rezaron ante las tumbas de sus padres. Al disponerse a salir, vieron a un grupo de judíos a un costado del cementerio. Estas personas llamaron al hombre y le preguntaron: "¿Podría venir un minuto? Estamos por enterrar a una persona que falleció y no tiene parientes, y queremos decir el Kadish antes del entierro". El hombre aceptó con gusto, entendiendo que se le presentaba una gran Mitzvá. La mujer esperó a un lado mientras su esposo se unía al Minian, mientras el encargado de la Hevrá Kadishá recitaba el Kadish por la elevación del alma del fallecido solitario.
Tras bajar el cuerpo al sepulcro, la pareja se sorprendió al ver que los encargados no cubrían el cuerpo con tierra, sino que se daban media vuelta para irse. Él les preguntó: "¿Qué hacen? ¿Por qué no cubren al fallecido?". Ellos respondieron que su costumbre era esperar a que llegara un tractor en unos minutos para cubrir la fosa con su pala mecánica. La pareja se horrorizó; no era digno que un judío fuera cubierto de esa manera tan fría. El hombre decidió quedarse para ver qué sucedía.
A los pocos minutos llegó un pequeño tractor con un conductor no judío. El esposo se acercó y le dijo: "¿Estaría de acuerdo en prestarme su pala para que yo mismo cubra la tumba?". El conductor aceptó sin problemas. Así, aquel hombre pasó cerca de media hora cubriendo la tumba manualmente con la pala. Al terminar, colocó el cartel con el nombre del fallecido que la Hevrá Kadishá había dejado allí. La pareja se retiró pensativa, asombrada por la extraña providencia que los llevó allí ese día, permitiéndoles honrar al difunto en su último camino, sin saber de quién se trataba.
Días después, el hombre llamó a uno de sus rabinos de la Yeshivá donde estudió en su juventud (Ner Israel en Baltimore) para desearle un buen año. Durante la charla, le contó lo sucedido. Al mencionar el nombre del fallecido, el Rabino dio un grito y dijo: "¡Debes saber algo! Hace años, cuando viniste a estudiar a la Yeshivá, tus padres no podían costear la colegiatura. Yo acudí a un hombre y le pedí que se hiciera cargo de tus gastos de estudio durante todos esos años, y él aceptó. Ese hombre no había podido tener hijos... ¡y es el mismo hombre que acabas de mencionar! El Cielo orquestó las cosas para que tú pudieras devolverle el favor, enterrándolo con tus propias manos según la tradición de Israel".
Nota del autor: Publicamos esta historia en "Halajá Yomit" en el año 5779. Tiempo después, en una visita a Nueva York, estuve en la Seudá Shlishit (tercera comida de Shabat) en casa de un hombre honorable de la ciudad. El anfitrión me preguntó si yo era quien había escrito el relato. Al responderle que sí, me dijo: "Debes saber que el protagonista de esa historia es un muy buen amigo mío, y el relato es absoluta verdad". (Solo corrigió un detalle: en la publicación original se dijo que era un Abrej pero en realidad es un hombre que trabaja para su sustento pero fija tiempos estrictos para el estudio de la Torá).