En el año 5733 (1972), Maran, de bendita memoria, se desempeñaba como Gran Rabino de la ciudad de Tel Aviv. En el Shabat Shuvá (el Shabat entre Rosh Hashaná y Yom Kipur), se reunieron en la Yeshivá estudiantes de academias rabínicas, y Maran les dirigió unas palabras cuyo núcleo principal (con un breve añadido) presentamos a continuación.
Cuando el ser humano comparece en juicio ante el Tribunal Celestial, y cuando se le juzga en los Días del Juicio en los que nos encontramos, no se juzga a todas las personas de la misma manera. Pues según la magnitud de los talentos de cada individuo, así de grande es la responsabilidad que recae sobre sus actos. Asimismo, las almas de las personas no son todas iguales, sino que hay quien la raíz y el origen de su alma provienen de un lugar más elevado, mientras que otros poseen una raíz de menor nivel; por ello, de cada persona se espera y se exige que actúe conforme a sus fuerzas y su nivel espiritual.
Maran nuestro Maestro, de bendita memoria, solía llorar cada año durante la confesión de Yom Kipur, derramando lágrimas como un río al decir: "Hemos cancelado Tu Torá días y noches". La congregación se asombraba: ¿por qué llora Maran si no hay nadie más consagrado al estudio que él?, ¿de qué se confiesa? Hasta que el propio Maran explicó el motivo en sus palabras, diciendo:
Se cuenta del Gaón de Vilna que lloraba amargamente en Yom Kipur durante la confesión y decía: "Hemos cancelado Tu Torá días y noches", aun cuando la suma total de todos los momentos del año en que no se dedicó a la Torá no sumaba más de una sola hora. A pesar de ello, el Gaón lloraba por la interrupción del estudio. La razón de esto era que el Gaón poseía un intelecto sumamente puro y sublime; ya en su infancia aprendió los tratados de Zebajim y Menajot en una sola noche, asombrando a todos los que lo examinaron al ver que no dejó rincón sin dominar con una lectura tan rápida y ágil. Por lo tanto, cada instante del Gaón valía como días y noches enteros para el resto de las personas; de ahí que debía llorar por la interrupción de una sola hora de estudio (según su elevadísima escala). Pues a mayor talento, mayor responsabilidad. Como está escrito al final del libro Ma'asé Rav: no es comparable la falta de cumplimiento del siervo que limpia el establo con la negligencia del siervo que engalana la corona del rey.
De aquí podemos aprender también que quien posee talentos debe aprovecharlos e invertir sus energías allí donde pueda causar un mayor impacto. Por ejemplo, quien posee el don de la palabra debe influir compartiendo palabras de Torá con los demás; quien posee una gran fortuna debe contribuir según su capacidad para el fortalecimiento de la Torá y la devoción divina. Y así sucesivamente en cada ámbito. "Da al sabio, y se hará más sabio aún".