Durante estas semanas del Omer es costumbre leer en publico el Pirke Abot –Tratado de los Padres- y así suele hacerlo nuestro maestro R. Ovadia Yosef, Shlit”a, por lo que trataremos de explicar algunos párrafos de este tratado.
Dice la Mishna (Abot cap. 3-8): Rabi Eleazar hombre de Bartota solía decir: Dale de lo suyo, pues tanto tu como lo tuyo le pertenecen. Y así afirmaba el rey David: Pues de Ti todo se origina y de Tus manos nos entregas.
La expresión utilizada en este caso por el sabio “dale de lo Suyo” se refiere a que todo lo que poseemos pertenece al Eterno pues El nos provee de nuestras posesiones. De hecho, la riqueza que el hombre rico posee debe ser considerada como un depósito del cual él –el rico- es responsable y debe administrarlo de la mejor manera, ayudando a los pobres y necesitados con su dinero. De esta manera el rico se hace acreedor de su riqueza.
Es posible explicar esto según la halajá que aparece en el Shuljan Aruj (Joshen Mishpat 246): La persona que testamenta todos sus bienes a uno de sus hijos, en realidad lo esta convirtiendo en apoderado de los mismos y sólo hereda una parte como todos sus hermanos. Es decir que aún cuando el padre legó todos sus bienes a un solo hijo, no afirmamos que su deseo implícito era deheredar a sus otros hijos, sino designar apoderado a aquel que recibe los bienes para que los administre y de esa forma los hermanos lo respeten, de todas formas sólo recibe de la herencia una parte proporcional como todos sus hermanos. Lo mismo ocurre con el hombre rico, recibe su dinero por parte de D-os, y debe administrar el mismo teniendo en cuenta a sus “hermanos” los más necesitados. De esta manera se hace merecedor no sólo de su riqueza sino del respeto de sus hermanos, pues esta es la voluntad del Eterno. Solía Rabbí –redactor de la Mishna- rendir pleitesía a los adinerados (Erubim 86), aduciendo que si D-os les dio la riqueza Su intención es que reciban respeto por medio de ella. Lo mismo sucedía con Rabì Akiva.
Por supuesto, todo lo anterior es válido para las personas ricas pero temerosas de D-os, cuya riqueza no los sume en la soberbia y se olvidan sus hermanos. Escribe el Sefer Hajasidim, que hay personas que en realidad no tienen otro mérito para vivir que el ayudar a otros, si dejaran de ayudar a los demás inmediatamente perecerían. Lo mismo ocurre con ciertos pecadores a quienes D-os debería castigar duramente, sin embargo el Eterno es tolerante con ellos por la ayuda que le brindan a los necesitados. Y de esta forma también es posible que retorne en Teshuba.