En las entregas anteriores, hemos visto sobre la obligación de pronunciar las bendiciones matutinas en forma indistinta tanto para el hombre como para la mujer, así como otros aspectos generales de las mismas.
Como hemos visto en distintas ocasiones, existe una regla halájica que determina “safek berajot lehakel”, o sea que si surge una duda sobre una bendición, esta no debe pronunciarse nuevamente, debido a la gravedad que supone pronunciar el nombre de D-os en vano, por ello en cada caso de duda sobre la pronunciación de una bendición dictaminamos que ésta no debe ser pronunciada.
Esta regla no incluye al “bircat hamazón”, o sea la bendición posterior al pan, pues la misma es un precepto de la Torá y por lo tanto ante la duda debemos repetirla (excepción hecha de la cuarta bendición que es de origen rabínico), así como actuamos en forma más rígida ante cada duda con un precepto de la Torá. Sin embargo las demás bendiciones son de institución rabínica y por lo tanto ante la duda no las pronunciamos nuevamente.
Con respecto a la bendición sobre la Torá, dictamina Rabí Yehudá en el Talmud (Berajot 21ª) que la misma es asimismo obligación de la Torá; sin embargo, el Talmud pregunta al respecto y no aparece respuesta alguna, por lo tanto la mayoría de las autoridades rabínicas dictaminan que estas bendiciones no son obligación de la Torá sino rabínica. Y aún cuando algunas autoridades consideran a las bendiciones sobre la Torá una obligación de la Torá misma, ante la duda si ha pronunciado estas bendiciones no debe repetirlas pues, a los efectos halájicos la mayoría de las autoridades consideran las mismas de origen rabínico.
Sin embargo, escribe Rabí Ovadia Yosef, Shlit”a, que es apropiado tratar de escuchar estas bendiciones de alguien que todavía no las ha pronunciado y pedirle que piense en eximirlo de la obligación de pronunciarlas y así evitar cualquier tipo de duda al respecto. En caso de encontrar una persona que las deba pronunciar las mismas, las pronunciará con su pensamiento evitando pronunciar el nombre de D-os y con ello será suficiente. Por supuesto, en futuro deberá prestar la atención necesaria para no olvidar pronunciar estas tan valiosas bendiciones.