Halajá para lunes 16 Kislev 5772 12 diciembre 2011

ÉSTA HALAJÁ SE EDITA PARA LA ELEVACIÓN DEL ALMA DE

HAJAM YOM TOV YEDID HALEVY BEN ZAKIE Z"L

NEW YORK

EL MILAGRO DE JANUCÁ

En los próximos días de Janucá, nuestros sabios instituyeron el precepto del encendido de las luminarias de Janucá, destinado a difundir el milagro ocurrido en aquella época. 
  
Sin embargo, este encendido sólo recuerda el milagro ocurrido con la vasija de aceite destinada a durar un solo día y aún así duró ocho para permitir el proceso de nuevo aceite puro para el encendido de la Menorá, pero el gran milagro del triunfo bélico, en el que los Macabim se impusieron y lograron expulsar un enemigo numéricamente muy superior, así como el hecho de que el pueblo judío salvó su existencia, no son recordados como milagros que debemos difundir durante la festividad! 
  
Por otro lado, nuestro sabios instituyeron el texto de “al hanissim”, el cual se incluye en todas las plegarias y en el bircat hamazón que pronunciamos durante Janucá, y dentro de este texto curiosamente sí hacemos referencia al éxito en el campo de batalla, pero no hacemos referencia al maravilloso milagro ocurrido con el aceite de la Menorá!? Por qué este milagro queda excluido en los textos de las plegarias? 
  
El Talmud (Ta´anit 25ª) cita un episodio con el piadoso Rabí Hanina ben Dosá. En cierta ocasión, la hija del sabio colocó en las vasijas para el encendido de las velas de Shabbat, vinagre en lugar de aceite, por lo que comenzó a lamentarse ya que las velas se apagarían inmediatamente y permanecerían en la oscuridad todo el Shabbat. Cuando su piadoso padre vio el sufrimiento de su hija le preguntó: Hija mía, por qué te angustias?  Aquel que encomendó al aceite que encienda, lo hará con el vinagre y encenderá! Y así realmente ocurrió, estas velas encendidas con vinagre iluminaron durante todo el Shabbat.  Observamos, que un milagro similar al ocurrido a los Hashmonaim en Janucá ocurrió con Rabí Hanina ben Dosa, por lo tanto, este milagro de Janucá no constituye un hecho tan sorprendente, vemos que ya ocurrieron hecho similares. Por lo tanto es válido preguntarnos por qué nuestros sabios vieron en el milagro del aceite un hecho a difundir, en tanto que el increíble y maravilloso triunfo militar no fue tomado en cuenta para difundirlo e instituir una acción al respecto. 
  
Podemos responder al respecto lo siguiente. En realidad el milagro fundamental de Janucá fue el triunfo de los Hashmonaim sobre el imperio seléucida. Sin embargo, este milagro no escapaba en general a las reglas de los hechos naturales, y podría aducirse que este triunfo se debió al arrojo y la destreza para la guerra de los Hashmonaim quienes lograron imponerse ante un enemigo numéricamente superior (ver Rabbenu Nissim sobre Holim 95b que es común que dos o tres guerreros valientes y diestros puedan imponerse a muchos enemigos). Pero el milagro del aceite silencia todos estos argumentos apóstatas, pues este milagro de hecho no puede justificarse con ningún tipo de argumento racional. Por ello, justamente el milagro del aceite pone en evidencia todos los demás milagros de Janucá y confirma que todo cuanto ocurrió aquellos días fueron hecho milagrosos dirigidos por el Eterno. Sólo que algunos de dichos milagros fueron evidentes en tanto que otros fueron milagros encubiertos, por ello el milagro del aceite debe difundirse, pues nos muestra que todo lo ocurrido entonces fueron milagros maravillosos. 
  
Por este mismo motivo no festejamos los días de Janucá con banquetes y bebidas como lo hacemos con los otros días festivos, pues el milagro fundamental por el que agradecemos al Eterno no es el de la salvación física, ya que el imperio heleno no quería destruir o aniquilar al pueblo judío, sino deseaba extinguir toda chispa espiritual del judaísmo, deseaban destruir su alma, su espíritu. Por ello, corresponde conmemorar el milagro ocurrido con algo espiritual, el encendido de las luminarias que simbolizan el espíritu de Israel, su alma. E incluso el éxito bélico fue aquellos días tenía como objetivo la salvación espiritual del pueblo, pues los Macabim podían haber optado por someterse al imperio y asimilarse como muchos judíos aceptaron hacerlo, pero de esa forma la Torá de Israel hubiese desaparecido, D-os no lo permita. 
  
Resulta por lo tanto, que la alegría por el triunfo bélico fue una alegría asimismo espiritual, por la salvación espiritual experimentada en aquellos días, por ello nuestro recuerdo fundamental lo realizamos con el encendido de las luminarias remarcando la salvación espiritual. 
  
Y esta luz espiritual de Janucá trasciende en el tiempo y llega hasta nuestros días iluminando nuestras vidas e impulsándonos a continuar nuestro servicio a D-os hasta la pronta llegada del Mashiaj, Amen.

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