Con paciencia y concentración Se debe hacer un gran esfuerzo por recitar las Selijot con la mayor intención y concentración (kavaná) posible, pues este es el mérito principal de su recitación: es preferible poco con concentración que mucho sin ella. La persona que sabe que le resulta difícil concentrarse durante todas las Selijot debe, al menos, comenzar comprometiéndose a poner atención en ciertos fragmentos clave. Maran el Jidá, en su libro Birké Yosef, escribió palabras de exhortación moral dirigidas a quienes dicen "Anenu, Anenu" ("Respóndenos, respóndenos") a toda prisa, como si existiera un precepto de la Torá de pronunciar las palabras sin comprensión alguna; lo mismo señaló respecto a "Asé lemán shemeja" ("Hazlo por Tu nombre"). Asimismo, en el libro Jemdat Yamim se escribieron palabras de exhortación sobre este asunto.
Aproximarnos a Tu servicio Por ejemplo, en el fragmento donde decimos "Elokenu shebashamayim" ("Nuestro Dios que estás en los cielos"), pedimos "aproxima para nosotros el fin de la redención, aproxima para nosotros el día de la salvación", y justo después decimos "acercanos a Tu servicio y a Tu temor". La razón por la cual, tras pedir la redención, solicitamos "acercanos a Tu servicio" fue explicada por el Gaón Rabí Jayim Palachi en su libro Moed LeJol Jay (Simán 11): tal como escribió el Maimónides (Rambam), los sabios no anhelaban los días del Mesías para vivir en la opulencia y el confort, sino para poder dedicarse con tranquilidad al servicio de Dios, bendito sea. Por lo tanto, inmediatamente después de pedir la redención, solicitamos por el servicio divino, que es lo esencial.
Cada palabra tiene un valor sagrado Es necesario saber que en el texto de las Selijot, especialmente en el rito sefardí, cada palabra posee un valor sagrado. Por ejemplo, cuando decimos "Idkar lan tzeloteh diShlomó Malka" (cuyo significado es: "Recuerda para nosotros la oración del Rey Salomón"), cabe preguntarse: ¿qué tiene de especial la oración del Rey Salomón?
Salomón expresó en su oración lo siguiente: "Cuando pequen contra Ti —pues no hay hombre que no peque— y Te enojes con ellos y los entregues al enemigo... y recapaciten en la tierra donde fueron llevados cautivos, y se vuelvan y Te supliquen... diciendo: 'Hemos pecado, hemos cometido iniquidad, hemos actuado malvadamente', y se vuelvan a Ti con todo su corazón y con toda su alma... y oirás en los cielos, morada de Tu estancia, su oración y su súplica, y harás su juicio, y perdonarás a Tu pueblo que pecó contra Ti".
El significado de esto radica en que hubo algo sumamente especial en la oración de Salomón. El Rey Salomón, oró a Dios con todo su corazón expresando lo que habita en el interior de cada persona: en última instancia, casi todos han pecado y no hay quien esté exento de falta; sin embargo, suplicó a Dios que cuando el ser humano sea castigado, sufra y como consecuencia reflexione y retorne en arrepentimiento, Dios reciba su oración y vuelva a favorecerlo. Así lo explicó el Gaón Rabí Jayim Palachi, de bendita memoria.
De este modo, abundamos en oraciones y súplicas ante Dios, quien es bueno y favorece tanto a los malos como a los buenos, para que tenga misericordia de nosotros. Pues, aunque hayamos pecado, transgredido y actuado malvadamente, nos esforzamos por retornar en arrepentimiento, cada uno según su nivel. Mediante esto se despertará la misericordia divina sobre nosotros, Dios se complacerá en nosotros y cumplirá los deseos de nuestro corazón para bien en Su servicio.